Archivo | febrero, 2007

Rebeca

28 Feb

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Anoche soñé que había vuelto a Manderley. En mi sueño me encontraba ante la verja del parque, pero durante algunos momentos no pude entrar. Estaba cerrada la puerta con candado y cadena. Llamé en sueños al guarda pero nadie me contestó, y cuando miré detenidamente a través de los barrotes mohosos de la verja, vi que la caseta estaba abandonada.

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El abanico de seda

28 Feb

Tengo ochenta años y soy lo que en nuestro pueblo se denomina «una que todavía no ha muerto», una viuda.

Lisa See

La isla del tesoro

28 Feb

El caballero Trelawney, el doctor Livesey y los demás gentileshombres me han pedido que relate los pormenores de lo que aconteció en la isla del Tesoro, del principio al fin y sin omitir nada excepto la posición de la isla, y ello por la sencilla razón de que parte del tesoro sigue enterrado allí; cojo, pues, la pluma en el año de gracia de 17.. y me remonto a la época en que mi padre regentaba la posada del Almirante Benbow, y el viejo lobo de mar con la cara tostada y marcada con un chirlo de sable vino a hospedarse bajo nuestro techo.

Cumbres borrascosas

28 Feb

He vuelto hace unos instantes de visitar a mi casero y ya se me figura que ese solitario vecino va a inquietarme por más de una causa. En este bello país, que ningún misántropo hubiese podido encontrar más agradable en toda Inglaterra, el señor Heathcliff y yo habríamos hecho una pareja ideal de compañeros. Porque ese hombre me ha parecido extraordinario. Y eso que no mostró reparar en la espontánea simpatía que me inspiró. Por el contrario, metió los dedos más profundamente en los bolsillos de su chaleco y sus ojos desaparecieron entre sus párpados cuando me oyó pronunciar mi nombre y preguntarle:

– ¿El señor Heathcliff?

City

28 Feb

– Entonces, señor Klauser, ¿Mami Jane debe morir?
– Por mí, ya se pueden ir todos a la mierda.
– ¿Eso es un sí o un no?
– ¿A usted qué le parece?

Alessandro Baricco

Crónica de una muerte anunciada

28 Feb

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“CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA”

Gabriel García Márquez

***

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo. Tenía una reputación muy bien ganada de interprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte…

Gabriel García Márquez * Edición Círculo de Lectores

Las hadas de Villaviciosa de Odón

28 Feb

Las hadas de Villaviciosa de Odón, de MarÃa Luisa Gefaell

Las niñas están jugando en el arroyo de la Vega. Han bajado por el camino blanco, entre los trigales recién segados, por el camino duro y agrietado que se hinca en la tierra al acercarse el arroyo, y se llena de pronto de frescura y del olor dulce de los juncos.