Archivo | abril, 2007

Leviatán

30 Abr

Hace seis días un hombre voló en pedazos al borde de una carretera en el norte de Wisconsin. No hubo testigos, pero al parecer estaba sentado en la hierba junto a su coche aparcado cuando la bomba que estaba fabricando esatlló accidentalmente. Según los informes forenses que acaban de hacerse públicos, el hombre murió en el acto. Su cuerpo reventó en docenas de pequeños pedazos y se encontraron fragmentos del cadáver incluso a quince metros del lugar de la explosión. Hasta hoy (4 de julio de 1990), nadie parece tener la menor idea sobre la identidad del muerto.

El visitante y otras historias

28 Abr

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Una visión del mar

A mediados del verano, un muchacho, feliz por no tener que hacer y porque hacía calor, se hallaba echado en un maizal. Las hojas de maíz se mecían por encima de él como grandes abanicos y los pájaros trinaban en las ramas de los árboles que ocultaban la casa. Tendido de espaldas contra la tierra, contemplaba el cielo infinitamente azul que caía sobre los perfiles del maizal. El aire, después de un cálido chaparrón de mediodía, traía un aroma de conejos y vacas. Se estiró como un gato y cruzó los brazos tras la nuca. Ahora surcaba los mares como un velero, navegaba entre las doradas olas del maizal y se deslizaba por el cielo como un ave, saltaba por las campiñas en botas de siete leguas y construía un nido en el sexto de los siete árboles que desde una verde y radiante colina le saludaban aleteando las ramas. Luego volvió a ser el muchacho de los cabellos revueltos que, levantándose perezosamente, buscaba tras los maizales la línea del río que serpenteaba entre las colinas.

Dylan Thomas, A prospect of the sea

Traducción del inglés de Ignacio Alvarez

Nostromo. Barcelona, 1975

De ratones y hombres

28 Abr

Unas millas al sur de Soledad, el río Salinas se ahonda junto al margen de la ladera y fluye profundo y verde. Es tibia el agua, porque se ha deslizado chispeante sobre la arena amarilla y al calor del sol antes de llegar a la angosta laguna. A un lado del río, la dorada falda de la ladera se curva hacia arriba trepando hasta las montañas Gabilán, fuertes y rocosas, pero del lado del valle los árboles bordean la orilla: sauces frescos y verdes cada primavera, que en las junturas más bajas de sus hojas muestran las consecuencias de la crecida invernal; y sicomoros de troncos veteados, blancos, recostados, y ramas que se arquean sobre el estanque.

Traducción de Román A. Jiménez.

En lengua materna

26 Abr

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El día en que mi mujer se marchó me entregó la lista de «quién era yo».
No tenía la menor idea de lo que me estaba dando. Calculo que llevaría confeccionándola sin decirme nada alrededor de un año, el último que vivimos juntos. Al final comprendí que no pretendía que la lista fuera exhaustiva, una lista completa, ni en ningún caso la suma de mi carácter o naturaleza. Lelia sería la última persona en el mundo que intentaría algo siquiera vagamente enciclopédico.
Pero puede que ni ella misma supiera lo que estaba haciendo. Iría añadiendo expresiones a la lista, visiones de mí a la más viva y descarnada de las luces, instantáneas de las difíciles verdades nacidas de nuestros años juntos.

Chang Rae Lee

El juego del ahorcado

23 Abr

pro18449-11.jpgHace una semana que le encontraron, ahorcado, y sólo yo, que no sé de él desde hace muchos años, conozco sus motivos. Así es como ahora, en lugar de guardar un terrible secreto, guardo dos.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

23 Abr

cuadro01.jpgPRIMERA PARTE DEL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

CAPÍTULO PRIMERO

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Las puertas de Anubis

23 Abr

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PRÓLOGO – Dos de febrero de 1802

Aunque muchas cosas son arrebatadas por el tiempo, otras muchas permanecen; y aunque no tengamos ahora la fuerza que en los viejos días fue capaz de conmover la tierra y el cielo, seguimos siendo quienes somos…

ALFRED, LORD TENNYSON

Entre dos árboles, en lo alto de la colina, un hombre muy anciano observaba, con un anhelo nostálgico del que no se habría creído capaz, al grupo de veraneantes que recogía sus cestas y montaba luego en sus caballos para alejarse hacia el sur. Iban con cierta prisa, pues había casi diez kilómetros hasta Londres, y la roja esfera del sol silueteaba ya las ramas de los árboles a lo largo del río Brent, unos cuatro kilómetros hacia el oeste.

Una vez que hubieron desaparecido, el anciano se volvió hacia el sol para contemplar su lento descenso. La Barca de los Millones de Años, pensó. La barca del dios solar que agoniza, Ra, recorriendo el cielo por el occidente hacia la fuente de ese oscuro río, que corre bajo el mundo subterráneo del oeste al este, a través de las doce horas de la noche, por cuyo extremo más oriental acabar reapareciendo mañana, llevando en su interior una vez más a un sol joven y nuevamente inflamado.

– O bien – pensó amargamente – separado de nosotros por una distancia tal que ni siquiera el universo sería capaz de comprenderla; tan sólo un enorme globo de gas ardiente inmóvil alrededor del cual rueda este diminuto planeta esférico como la pelota de excremento y polvo que va empujando ante sí el escarabajo kefera. Escoge lo que más desees – se dijo, mientras empezaba a bajar por la colina -, pero debes estar preparado a morir por tu elección.

Tim Powers, Las puertas de Anubis
Gigamesh,1984