Archivo | mayo, 2007

Mi familia y otros animales

31 May

Esta es la historia de cinco años que mi familia y yo pasamos en la isla griega de Corfú. En principio estaba destinada a ser una descripción levemente nostálgica de la historia natural de la isla, pero al introducir a mi familia en las primeras páginas del libro cometí un grave error. Una vez sobre el papel, procedieron de inmediato a tomar posesión de los restantes capítulos, invitando además a sus amigos. Sólo a través de enormes dificultades, y ejercitando considerable astucia, logré reservar aquí y allí alguna página que poder dedicar exclusivamente a los animales.
En el texto que sigue he intentado dibujar un retrato de mi familia preciso y ajustado a la realidad; aparecen tal como yo los veía. Para explicar, empero, algunos de sus rasgos más curiosos, debo señalar que cuando fuimos a Corfú todos éramos aún bastante jóvenes: Larry, el mano mayor, tenía veintitrés años; Leslie, diecinueve; Margo, dieciocho; y yo, el benjamín, me hallaba en la tierna e impresionable edad de los diez años. De la de mi madre no hemos estado nunca muy seguros, por la sencilla razón de que no recuerda su fecha de nacimiento; todo lo que sé decir es que era lo bastante mayor como para tener cuatro hijos. Mi madre también insiste en que explique que es viuda, porque según su sagaz observación, nunca se sabe lo que puede pensar la gente.

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Un novio para mamá y otros relatos

31 May

ESMERALDA
De todas las regiones de la Belle France, que son muchas, existe una cuyo mero nombre hace que a los gastrónomos les brillen los ojos, se les enciendan las mejillas ante lo que sugiere y se les empapen las papilas de saliva ante lo que promete, y es la que lleva el eufónico nombre de Périgord; allí las castañas y las nueces tienen un tamaño prodigioso, allí las fresas silvestres tienen un aroma tan penetrante como el tocador de una cortesana. Allí las manzanas, las peras y las ciruelas encierran en sus pieles jugos sublimes; allí la carne del pollo, del pato y de la paloma es firme y blanca; allí la mantequilla es tan amarilla como un rayo de sol y la nata de las batidoras es tan espesa que se puede colocar sobre ella un vaso lleno de vino. Además de todas esas riquezas, Périgord oculta bajo el suelo terroso de sus robledales una recompensa suprema, la trufa, el hongo troglodita que vive bajo la superficie del bosque, negro como el gato de una bruja, exquisito cual todos los perfumes de Arabia.

El elogio de la sombra

31 May

Un amante de la arquitectura que quiera construirse en la actualidad una casa en el más puro estilo japonés tendrá que prepararse a sufrir numerosos sinsabores con la instalación de la electricidad, el gas y el agua y, aunque no haya pasado personalmente por la experiencia de construir, bastará con que entre en la sala de una casa de citas, de un restaurante o de un albergue para apreciar el esfuerzo empleado en integrar armoniosamente tales dispositivos en una estancia de estilo japonés.

Los Desafortunados

29 May

¡ Pero si esta ciudad la conozco! Esta sala de espera verde, la larga taquilla de rincones redondeados, ese triforio irónico, esmaltados azulejos marrones, verdes más abajo, las mismas vigas decorativas que no sostienen nada, arriba, ¡claro! ¡Conozco esta ciudad! ¿Cómo no me di cuenta, cuando me dijeron Esta semana vas al partido del City, que la ciudad era ésta? Tony.

No es país para viejos

27 May

Mandé a un chico a la cámara de gas en Huntsville. A uno nada más. Yo arresté y yo testifiqué. Fuí a visitarlo dos o tres veces. Tres veces. La última fue el día de su ejecución. No tenía por qué ir, pero fuí. Naturalmente, no quería ir. Habia matado a una chica de catorce años y os puedo asegurar que yo no sentía grandes deseos de ir a verle y mucho menos de presenciar la ejecución, pero lo hice.

Lejos de Veracruz

27 May

No todo el mundo sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas no pienso en la vida volver. Fui feliz allí, el mes pasado, en noche de luna llena, en Los Portales, ni antes ni después de esa noche, en el último mes de julio de mi juventud. Pero no pienso en la vida nunca volver, pues sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte.

Enrique Vila-Matas

Reflexiones sobre una Venus marina

26 May

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En el cuaderno de notas de Gideon encontré una vez una lista de enfermedades todavía no clasificadas por la ciencia médica, y entre ellas aparecía la palabra islomanía, descrita como una dolencia del espíritu, rara pero en modo alguno desconocida. Hay personas, solía decir Gideon a modo de explicación, a quienes las islas les resultan, quién sabe por qué, irresistibles. El simple conocimiento de que se encuentran en una isla, en un pequeño mundo rodeado por el mar, las llena de una indescriptible embriaguez. Estos islómanos natos, solía añadir, son los descendientes directos de los atlántidas, y durante toda su vida isleña su subconsciente tiende hacia la perdida Atlántida…Olvidé los demás detalles. Pero, como todas las teorías de Gideon, era ingeniosa. Recuerdo el encarnizamiento con que se discutió a la luz de las velas en Villa Cleóbulo, hasta que la luna descendió sobre el debate y hasta que las afirmaciones de Gideon fueron ahogadas por sus bostezos; hasta que Hoyle comenzó a golpear sus gafas contra la uña del pulgar de la mano izquierda, que era su manera de empezar a decir buenas noches; hasta que Mehmet Bay, en la casa situada al otro lado del bosquecillo de adelfas, cerró con violencia los postigos como protesta por lo tardío de la hora. Y sin embargo, la palabra se mantuvo; y aunque Hoyle rechazó su aplicación a islas que no fuesen las del Egeo, mientras que Sand no se resignaba a examinar con detenimiento una teoría tan irracional, todos los demás, por admisión tácita, sabíamos que eramos islómanos.

Lawrence Durrell, Reflections on a Marine Venus

Traducción del inglés de Floreal Mazía

Península.  Barcelona, 1999