Archivo | junio, 2007

Posesión

28 Jun

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El libro, grueso y negro, estaba cubierto de polvo. Tenía las tapas combadas y quebradizas; en sus tiempos había sido maltratado. Le faltaba el lomo, o mejor dicho sobresalía entre las hojas como un abultado marcador. estaba sujeto con vueltas y vueltas de una cinta blanca sucia, cuidadosamente atada con un lazo. El bibliotecario se lo entregó a Roland Michell, que lo esperaba sentado en la sala de lectura de la Biblioteca Londinense. Había sido exhumado de la caja de seguridad número 5, donde solían franquearlo Las travesuras de Príapo y El amor griego. Eran las diez de la mañana de un día de septiembre de 1986. Roland ocupaba la mesita individual que más le gustaba, detrás de un pilar cuadrado, pero con el reloj de la chimenea bien a la vista. A su derecha había un ventanal soleado, que dejaba ver el ramaje verde de St, Jame´s Square.

A. S. Byatt, Possession. A Romance
Traducción del inglés de Maria Luisa Balseiro
Anagrama. Barcelona, 1992

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Ronda nocturna

26 Jun

pn667.jpgAsí que te has convertido en esto, se dijo Kay a sí misma: en una de esas personas a las que se les han parado los relojes de pared y pulsera, y que saben la hora por el tipo de lisiado que llama a la puerta de su casero.

El cobrador

25 Jun

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PIERROT DE LA CAVERNA

Hay personas que no se entregan a la pasión, personas cuya apatía las lleva a elegir una vida de rutina en las que vegetan como “abacaxis en un invernadero de piñas tropicales”, como decía mi padre. En cuanto a mi, lo que me mantiene vivo es el riesgo inminente de pasión y sus coayudantes: amor, gozo, odio, misericordia. Llevo colgando del cuello el micrófono de una grabadora. Sólo quiero hablar, y lo que diga jamás pasará al papel. De esta forma no tengo necesidad de pulir el estilo con esos refinamientos que los críticos tanto elogian y que es sólo el paciente trabajo de un orfebre. Al no saber como se sitúan las palabras en el papel, pierdo la noción de su velocidad y cohesión, de su compatibilidad. Pero eso no interferirá en la historia.

Rubem Fonseca, El cobrador
Bruguera, 1985

La aventura equinocial de Lope de Aguirre

24 Jun

El año 1559, cuando en tierras del Perú se pregonaba la expedición de Ursúa al Dorado, algunos se preguntaban quién era Ursúa para haber logrado del rey que le concediese aquella empresa.

El factor humano

16 Jun

Desde la época en que, como un joven recluta más, había entrado en “La Casa” -de eso hacía ya más de treinta años- Castle almorzaba siempre en un pub situado detrás de Saint Jame’s Street, no lejos de la oficina. Si alguien le hubiera preguntado por qué iba a aquel lugar, habría respondido que a causa de sus excelentes salchichas; tal vez hubiera preferido a la Watney’s otra marca de cerveza amarga, pero la calidad de las salchichas prevalecía sobre la cerveza. Él siempre estaba dispuesto a dar cuenta de sus actos, incluso de los más inocentes. Asimismo era un hombre de una puntualidad estricta.

Traducción de Iris Menéndez y Enrique Sordo

El estruendo de las rosas

14 Jun

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Una nube frágil como un velo, un sol que a duras penas atravesaba la nube, un viento helado que se quejaba (de vicio) entre los árboles, y unos árboles de otoño, ni grises ni verdes, no eran elementos suficientes para hacer memorable aquella mañana. Después de mediodía, aquella mañana sería memorable. En realidad, ya lo era (paradógicamente (sic)) para un hombre pálido, alto, de pelo negro, vestido de azul, que tenía un ramo de rosas en la mano y estaba parado a la sombra de uno de los frondosos castaños de la plaza, con una seriedad oficial o profesional en su rostro.

Manuel Peyrou, El estruendo de las rosas
Compañia General Fabril Editora S. A., 1969

¡Noticia bomba!

7 Jun

Aunque todavía fuese un hombre joven, John Boot había alcanzado, como proclamaba su editor, “una envidiable y segura posición en las letras contemporáneas”. Vendía quince mil ejemplares de sus novelas en el primer año, y entre sus lectores había personas cuya opinión era muy respetada por John Boot. Entre una novela y la siguiente mantenía vivo su nombre en los círculos intelectuales con nada lucrativas pero elegantes obras históricas y de viajes. Sus primeras ediciones firmadas se cotizaban en ocasiones a uno o dos chelines por encima de precio de librería. Había publicado ocho volúmenes (empezando por una biografia de Rimbaud escrita a los dieciocho años, y terminando, de momento, con Horas de Ocio, una estudiadamente modesta descripción de los horribles meses que había pasado entre los indios de la Patagonia), tres o cuatro de cuyos títulos eran perfectamente recordados por las personas que almorzaban con Lady Metroland. Eran muchas sus encantadoras amistades, pero la más valorada de todas ellas era la de la adorable esposa de Mr. Algernon Stitch.

Editorial Anagrama.´
Traducción de Antonio Mauri.