Archivo | julio, 2007

Un juego de niños

28 Jul

Durante el resto de su vida Charlotte Cleve se culparía de la muerte de su hijo por haber decidido celebrar el Día de la Madre a la hora de la cena, a las seis de la tarde, en lugar de a mediodía, después de misa, que era cuando los Cleve siempre lo habían celebrado. Los miembros de más edad de la familia habían expresado su contrariedad ante el nuevo plan y, aunque en gran medida eso tenía que ver con el recelo que, por principio, despertaban en ellos las innovaciones, Charlotte pensaba que debería haber prestado más atención a aquel trasfondo de protestas, pues había sido una discreta pero ominosa advertencia de lo que se avecinaba; una advertencia que, pese a resultar confusa incluso a posteriori, seguramente fue de las más claras que uno podía esperar en vida.

Traducción de Gemma Rovira

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La lección de lengua muerta

27 Jul

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Ella hablaba, pero él, aunque en los últimos tiempos había aprendido algo del polaco y del ucraniano, no lo entendía del todo, así que el señor intendente forestal, Alois Szwanda, que lo acompañaba, traducía sus palabras al alemán, mientras él escuchaba atento, la cabeza inclinada sobre el hombro izquierdo, la mano derecha apoyada sobre la cadera y la otra, con la palma vuelta hacia arriba, sostenida ligeramente por los dedos morenos de la vidente. De vez en cuando, echaba unas miradas breves y penetrantes, bien a ella, bien al señor Szwanda, que seguí atraduciendo con paciencia y la mayor fidelidad posible las confusas palabras.

-Vivirás intensamente (al menos así reultaba de la traducción de Szwanda: con todas tus fuerzas), y si te mueres aquí ( ¿aquí?, quiere decir ¿dónde?, ¿en estas montañas?, ¿ en este villorrio de los Cárpatos?, ¿en este hotelucho judío junto a la estación?; trató de contener el violento ataque de tos que sentía venir por un insoportable cosquilleo de la tráquea), yacerás boca arriba sobre la tierra, y de ti, de tu cuerpo, crecerá – ¿me comprendes, mi bello señor? – el árbol de la vida. Y, escúchame, – le apretó la mano con más fuerza- , años más tarde se posará sobre él, sobre una de sus ramas, un ave del Paraíso. Pero también podría ser un cuervo normal y corriente o una lechuza, eso ya no lo sé exactamente. El pájaro estrá allí balanceándose, y al compás de ese balanceo, de apoyarse sobre una u otra pata, de abrir y cerrar sus alas para mantener el equilibrio, latirá tu corazón, señor. O tal vez no sea más que una ilusión de latidos, de continuidad, de ser en el no-ser.

Andrzej Kusniewicz, Lekcja martwego jezyka
Traducción del polaco de Bozena Zaboklicka
Anagrama. Barcelona, 1984

GRACIAS POR EL FUEGO

22 Jul

graciasporelfuego1.jpgEn Broadway, a la altura de la calle 113, no sólo se habla de un español nasal y contaminado,también podría decirse que se piensa, se camina y se come en español. Letreros y avisos, que algunas cuadras antes todavía anunciaban Groceries & Delicatessen, se han transformado aquí en Groserías y Delicadezas. Los cines no anuncian, como los de la calle 32, películas de Marlon Brando, Kim Novac y Paul Newman, sino que muestran grandes cartelones con las figuras de Pedro Almendáriz, María Felix, Cantinflas o Carmen Sevilla.

Los libros arden mal

18 Jul

Las marcas del agua

Al principio me molesta. Es joven. No lo conozco. A veces ocurre. Se meten en medio. Yo estaba atenta al chico de los tangos. Al que salió a cantar en el palco invitado por Pucho Boedo, el de la Orquesta Oriente.

Los libros arden mal

Los libros arden mal, de Manuel Rivas.

Port Sudan

17 Jul

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Me enteré de la muerte de A. en Port Sudan. Los azares del correo de estos países hicieron que la noticia me llegara bastante tiempo después de que mi amigo hubiera dejado de vivir. Un funcionario desastrado, desfigurado por la lepra, que llevaba un gran revólver en una funda atada a la cintura mediante un látigo de piel de búfalo trenzada, me entregó la carta al final del día. Su rostro sin labios, con las orejas como crestas de gallo, constituía una perpetua sonrisa burlona. Se hubiera dicho que aquél era un cuerpo esculpido en la madera sardónica de una danza macabra. Como casi todos los que sobrevivían en la ciudad, su ocupación principal era por lo demás, la extorsión y el asesinato. Cómo había conseguido la carta, lo ignoro. Quizás se la había robado a la muerte misma.

El amo del corral

14 Jul

Llegó un momento en que, en cuanto hubo amainado la refriega entre Baker y Pottville y los veinte o treinta últimos chicanos de la factoría avícola de Sodderbrook, los teutones de Buzzard’s-Roost, los gnomos de la calle Dowler y las ratas de fábrica del este de Baker hubieron sido esposados y hacinados en los furgons celulares de la oficina del sheriff Tom Dippold, con destino a los atestados mataderos de Keller & Powell, y en cuanto las mangueras regaron y dispersaron las fogatas de basura de la calle Mayor, entre las pavesas de la calle Gingerbread, y en cuanto el gimnasio de la escuela fue ocupado y fumigado por una brigada de mal pertrechados y cuasi estupefactos agentes de la comarca, y una vez controlado el pillaje general en Geiger y sofocados los disturbios de la calle 3 y Poplar, y mucho después de que una horda enfurecida de camioneros de la mina de carbón número 6 de Ebony Steed, en una trepidante procesión apisonadora de arietes Dodge, hubiese realizado su infortunada visita conciliatoria de medianoche a las ratas de río en la orilla del Patokah, y de que el resto de la población estuviera tan hundida en sus propios excrementos que hasta los locutores de Pottville 6 se vieron obligados a admitir que Baker parecía estar esperando la llegada de los cuatro jinetes, llegó un momento en que, en el apogeo de todo aquel desbarajuste, los ciudadanos en sus cabales e informados que quedaban en Greene County supieron exactamente quién era y qué representaba John Kaltenbrunner.

Traducción de Jaime Zulaika

Mientras agonizo

13 Jul

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DARL

Jewel y yo salimos del campo siguiendo el sendero en fila india. Aunque voy cinco metros por delante de él, cualquiera que nos observe desde el cobertizo del algodón verá el roto sombrero de paja, medio deshecho, de Jewel sobresalir una cabeza por encima de la mía.

El sendero, alisado por pies y recocido, igual que adobe por julio, corre derecho como tirado a cordel por entre las hileras verdes de algodón preparado hasta el cobertizo del algodón del campo, donde se tuerce y rodea el cobertizo formando cuatro ángulos de suaves vértices, y vuelve a atravesar el campo, alisado por muchos pies con precisión que se va desvaneciendo.

Mientras agonizo, William Faulkner

Traducción de Mariano Antolín Rato.