Archivo | diciembre, 2007

El llano en llamas

22 Dic

juanrulfo.jpgES QUE SOMOS MUY POBRES

Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río.

-Juan  Rulfo, El llano en llamas

Prolegómenos a la lógica del deseo

21 Dic

“La excelente comprensión de las cosas refina el deseo y después aumenta el placer de poseerlas. Se conoce una capacidad elevada por el gusto elevado. Se necesita mucha materia para satisfacer una gran capacidad. Así como los grandes bocados son para grandes paladares, las materias sublimes son para los sublimes caracteres. Las mayores materias temen a este gusto y las más seguras perfecciones desconfían. Como son pocas las de primera magnitud, será sobresaliente el aprecio. Los gustos se pegan con el trato y se heredan con la continuidad: es una gran suerte tratar con quien lo tiene en su punto. Pero no se debe hacer hábito del desagrado de todo, pues es una necia exageración, más odiosa por ostentación que por exceso. Algunos quisieran que Dios creara otro mundo y otras perfecciones para satisfacer su extravagante fantasía”.

-Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de la prudencia (1647)

En este mundo, el mejor de los mundos posibles, leo a Gracián mientras me preparo para el instante de la suprema satisfacción. Saber muchas cosas implica dilatar en el tiempo el goce absoluto, dejar en manos del azar aquello que hemos buscado con anhelo y fruición, mantenerse erguido y con el pecho expuesto esperando el momento en que la flecha sublime nos atraviese, esperar durante meses, incluso años. ¡Oh, pero cuando al fin se produce, es un placer incomparable!

Yasunari Kawabata Yukio Mishima Correspondencia (1945-1970)

21 Dic

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Carta dirigida por Kawabata Yanusari (Nikaido 325, Kamakura) a Hiraoka Kimitake, a/c señor Hiraoka Azusa
(Oyama-cho 15, Shibuya, Tokio)

8 de marzo de 1945

Noda me hizo llegar su obra El bosque en flor, lo que le agradezco. Había tenido ocasión de hojear una parte en Bungei Bunka, donde ya me había interesado mucho su estilo, así que me alegro de poder leerlo ahora en su totalidad.

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Emecé Editores, traducción de Liliana Ponce.

Rojo y negro

10 Dic

La pequeña ciudad de Verrières puede pasar por una de las más bonitas del Franco Condado. Sus casas blancas, con sus puntiagudos tejados de tejas rojas, se extienden por la ladera de una colina cubierta con vigorosos castaños cuyas verdes frondas señalan la más leves sinuosidades del terreno. El Doubs corre a algunos centenares de pies por debajo de sus fortificaciones, construidas antaño por los españoles y actualmente en ruinas.

(Traducción de Antonio Vilanova) Ed. Círculo de lectores

Ilíada

5 Dic

Caballo de Troya

CANTO PRIMERO

La peste: La cólera

[Invocación]

Canta, diosa, de Aquiles el Pelida

ese resentimiento -¡que mal haya!-

que infligió a los aqueos mil dolores,

y muchas almas de héroes esforzados

precipitó al Hades,

y des sus cuerpos el botín hacía

de perros y de todas

las aves de rapiña,

y el designio de Zeus se iba cumpliendo…

Apología de Sócrates

4 Dic

Muerte de SócratesNo sé, atenienses, la sensación que habéis experimentado por las palabras de mis acusadores. Ciertamente, bajo su efecto, incluso yo mismo he estado a punto de no reconocerme; tan persuasivamente hablaban. Sin embargo, por así decirlo, no han dicho nada verdadero. De las muchas mentiras que han urdido, una me causó especial extrañeza, aquélla en la que decían que teníais que precaveros de ser engañados por mí porque, dicen ellos, soy hábil para hablar.

A las siete de la mañana

2 Dic

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    De madrugada, y un cielo semejante a gachas frías. En los ángulos del tejado aún quedaban algunos rastros de nieve.

    En la inmensa y desproporcionada casa, la familia se encontraba sumida en la hibernación matinal del domingo, arrebujada contra el frío y el día que apuntaba.

    Pero Gaylord era impermeable al frío. En realidad, el joven Gaylord Pentecost era impermeable a casi todo.  Al despertarse, saltó un rato sobre la cama. Luego, cansado de tal ejercicio, se ató el pijama, que no tenía cinturilla, y se dispuso a emprender una gira de buena voluntad por la casa.

Eric Malpass, Morning’s  at seven

Traducción del inglés de Rosalía Vázquez

Plaza y Janés. Barcelona, 1970