Archivo | febrero, 2009

El vizconde demediado – Italo Calvino

6 Feb

span style=verdana;span style=x-small;Había una guerra contra los turcos. El vizconde Medardo de Terralba, mi tío, cabalgaba por la llanura de Bohemia hacia el campamento de los cristianos. Le seguía un escudero de nombre Curcio. Las cigüeñas volavan bajas, en blancas bandadas, atravesando el aire opaco e inmóvil.
-¿Por qué tantas cigüeñas? – preguntó Medardo a Curcio-, ¿a donde vuelan?
Mi tío era un recién llegado, habiéndose enrolado hacía muy poco, para complacer a ciertos duques vecinos nuestros comprotidos en aquella guerra. Se había provisto de un caballo y de un escudero en el último castillo en poder de los cristianos, e iba a presentarse al cuartel imperial.
– Vuelan a los campos de batalla -dijo el escudero, lúgubre-. Nos acompañarán durante todo el camino.
El vizconde Medardo había aprendido que en aquel país el vuelo de las cigüeñas es señal de buena suerte; y quería mostrarse contento de verlas. Pero se sentía, a pesar suyo, inquieto.
– ¿Qué es lo que puede llamar a las zancudas a los campos de batalla, Curcio? -preguntó.
– Ahora también ellas comen carne humana -contestó el escudero-, desde que la carestía ha marchitado los campos y la sequía ha resecado los ríos. Donde hay cadáveres, las cigüeñas y los flamencos y las grullas han sustituido a los cuervos y los buitres.
Mi tío estaba entonces en su primera juventud: la edad en que los sentimientos se abalanzan todos confusamente, no separados todavía en mal y en bien; la edad en que cada nueva experiencia, aun macabra e inhumana, siempre es temerosa y ardiente de amor por la vida./span/span
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Barcelona: Bruguera, 1979
Il Visconte dimezzatospan style=verdana;span style=x-small;
/spanTraducció: Francesc Miravitlles
Col.lecció: Libro amigo 1502/644/span

Con las mujeres no hay manera – Boris Vian

6 Feb

Para empezar, esto de los bailes de disfraces es algo que debería estar prohibido. Son un coñazo para todo el mundo, y me parece que en pleno siglo XX no vamos a seguir vistiéndonos de bandolero siciliano o al estilo de Tosca, sólo para que te dejen entrar en su casa los padres de la chica que te gusta, pues a fin de cuentas éste era el problema. Estábamos a 29 de junio y al día siguiente Gaya celebraba su presentación en sociedad. En Washington, una pejiguera de este tipo significa mucho. Y yo, amigo de infancia de Gaya, algo así como hermano de leche…, bueno, ya os podéis hacer una idea. Rigurosa obligación de asistir; de lo contrario, sus padres no me lo hubiesen perdonado nunca.
Pero en fin, ¿es que Gaya no hubiese podido debutar en sociedad como toda la sociedad en cuestión, con vestido de noche normal, y los chicos con smoking? Diecisiete años es una edad que ya no da para ir cargando todavía con pingos de teatro… A ver, de qué sirve.

Con las mujeres no hay manera – Boris Vian

Vian, Boris. Con las mujeres no hay manera
Madrid: Alianza Editorial, 1990
Elles se rendent pas compte
Traducció: Josep Elías
Col.lecció: El libro del bolsillo, 1481

Les històries naturals – Joan Perucho

1 Feb

El sol, a través de la vidriera, prenia uns tons morats, blaus, grocs o vermells, segons la petita forma geomètrica que el filtrava, i queia, en diagonal, a la gran sala per a reflectir-se en l’ull de la monstruosa “scolopendra martirialis“. Al defora, les fines columnes de la galeria pujaven erectes, una mica torturades pel guix de les garlandes, i servien de marc al jardí botànic on cada planta i arbust duia un petit rètol escrupolosament cal·ligrafiat. A vegades, quan feia una mica de vent fresc, se sentia una remor vegetal, insinuant i dolça, mesclada amb un soroll de cartolines que es fregaven les unes amb les altres; llavors, de manera inesperada, l’autòmat, impel·lit per algun ressort que es disparava, feia un intent de tocar la guitarra i movia els llavis silenciós, sense cap èxit. L’havien arraconat a la galeria, ja feia algun temps, quan minvà la forta passió per la mecànica recreativa, i fou substituït per la nova màquina d’estampació d’indianes.

Perucho, Joan. Les històries naturals
Barcelona: Cercle de Lectors, 1991

http://lleixes.blogspot.com/2008/09/les-histries-naturals-joan-perucho.html


(En español)
El sol, en las vidrieras, entornaba tonos morados, azules, amarillos o rojos, según la pequeña forma geométrica que los filtraba, y caía, en diagonal, en la gran sala para reflejarse en el ojo de la monstruosa “scolopendra martirialis“. Fuera, las finas columnas de la galería subían erectas, un poco torturadas porc el yeso de las garlandas, y servían de marco al jardín botánico donde cada planta y arbusto tenía un pequeño letrero escrupolosamente caligrafiado. A veces, cuando había un poco de viento fresco, se oía un murmullo vegetal, insinuante y dulce, mezclada con un ruido de cartulinas que se frotaban unas con otras; entonces, de manera inesperada, el autómata, impelido por algún resorte que se disparaba, hacía un intento de tocar la guitarra y mover los labios silenciosos, sin ningún éxito. Lo habían arrinconado en la galería, ya hacía algún tiempo, cuando disminuyó la fuerte pasión por la mecánica recreativa, y fué susstituida por la nueva máquina de estampación de indianas.

From David.