Archivo | diciembre, 2009

Las batallas en el desierto

27 Dic

Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél? Ya había supermercados pero no televisión, radio tan sólo: Las aventuras de Carlos Lacroix, Tarzán, El Llanero Solitario, La Legión de los Madrugadores, Los Niños Catedráticos, Leyendas de las calles de México, Panseco, El Doctor I.Q., La Doctora Corazón desde su Clínica de Almas. Paco Malgesto narraba las corridas de toros, Carlos Albert era el cronista de futbol, el Mago Septién transmitía el beisbol. Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto. Íbamos a ver películas de Errol Flynn y Tyrone Power, a matinés con una de episodios completa: La invasión de Mongo era mi predilecta. Estaban de moda Sin ti, La rondalla, La burrita, La múcura, Amorcito Corazón. Volvía a sonar en todas partes un antiguo bolero puertorriqueño: Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti.

Título: Las Batallas en el desierto
Autor: José Emilio Pacheco
Editorial: Ediciones Era

Bueno, me largo

22 Dic

“Bueno, ¡me largo!“. Mucho más no les he contado a mis amigos antes de marcharme. Simplemente, me voy a caminar por España. Mi amiga Isabel reaccionó con una sentencia lapidaria: “¡Estás como una cabra!”

Título: Bueno, me largo
Autor: Hape Kerkeling
Editorial: Suma de letras
Traducción: Olga Martín

Saber perder

17 Dic

El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las  velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deso y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear.

Título: Saber perder
Autor: David Trueba
Editorial: Anagrama

Narradores de la noche

12 Dic

Verdaderamente, es una historia extraña: el cochero Salim perdió el habla. Si no hubiese sucedido ante mis propios ojos, la historia me habría parecido exagerada. Comenzó en agosto de 1959 en el barrio antiguo de Damasco. Si yo quisiese inventar una historia semejante, Damasco sería la ciudad para hacerlo. En ningún otro lugar podría ocurrir.

Título: Narradores de la noche
Autor: Rafik Schami
Editorial: Siruela
Traducción: Antón Dieterich