Archivo | febrero, 2010

Los colores olvidados

27 Feb

Carmesina nació en el seno de una familia cualquiera en una ciudad triste de un lugar poco conocido. Vino al mundo en una mala época: los países iban a la deriva y el ambiente de hastío no era el más indicado para traer niños al mundo. Tal era el desaliento que sin saber cómo ni por qué hasta los colores empezaron a desaparecer, dejándolo todo de un gris frío e impersonal. Carmesina fue concebida sin la pretensión de sus padres, que no creían que se pudiera crear vida, ni mucho menos mantenerla, en aquellos tiempos de estados carenciales. Sin duda, eran días oscuros, inapetentes y de crisis generales. A medida que el gris parecía extenderse, todo el mundo sucumbía al desánimo.

Título: Los colores olvidados
Autor:  Silvia G. Guirado
Editorial: Play Attitude

Una pena en observación

23 Feb

Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy. El mismo mariposeo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Aguanto y trago saliva.

Otras veces es como siestuviera medio borracho o conmocionado. Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo. Me cuesta mucho trabajo enterarme de lo que me dicen los demás. tiene tan poco interés. y sin embargo quiero tener gente a mi alrededor. Me espantan los ratos en que la casa se queda vacía. Lo único que querría es que hablaran ellos unos con otros, que no se dirigieran a mí.

Título: Una pena en observación
Autor:  C. S. Lewis
Editorial: Anagrama
Traducción: Carmen Martín Gaite

El libro de la selva

19 Feb

Eran las siete de una noche muy cálida en las colinas Seeonee cuando el padre Lobo se despertó de su descanso diario, se rascó, bostezó y se desperezó estirando sus patas una tras otra. La madre Loba permanecía echada con su gran morro gris apoyado encima de sus cuatro crías tumbadas que no paraban de chillar, mientras la luna brillaba en la entrada de la cueva en que que vivían.

-¡Grrr! -dijoel padre Lobo- Es hora de salir a cazar.
Iba a descender por la colina corriendo cuando una pequeña sombra de espesa cola cruzó la entrada y aulló:
-Te deseo suerte, jefe de los lobos. Y que los nobles pequeños sean afortunados y sus colmillos fuertes y blancos, y que nunca se olviden de los hambrientos de este mundo.
Era el chacal Tabaqui, el lameplatos. Los lobos de la India menosprecian a Tabaqui porque es chismoso, cuenta mentiras y come trapos y pedazos de piel de los montones de basura de la aldea. Pero también lo temen porque Tabaqui, más que cualquier otro en la jungla, puede volverse loco y entonces se olvida de sus temores y corre por la jungla mordiendo todo lo que encuentra a su paso, incluso el Tigre corre a esconderse cuando el pequeño Tabaqui enloquece, porque la locura es lo peor que puede ocurrirle a una criatura salvaje. Lo llamamos hidrofobia, pero ellos lo denominan dewanee (la locura) y corren.

Título: El libro de la selva
Autor: Rudyard Kipling
Editorial: Piruleta
Traducción: Anna Gasol Trullols

La dama número trece

14 Feb

La sombra se deslizaba entre los árboles. La maleza y la noche le otorgaban el aspecto de una figura incorpórea, pero era un hombre joven, de cabello largo, vestido informalmente. Al llegar al límite de la espesura se detuvo. Tras una pausa, como para asegurarse de que el camino se hallaba libre, atravesó el jardín en dirección a la casa. Era grande, con una galería de columnas blancas en la fachada a modo de persitilo. El hombre subió las escalinatas de la galería, penetró en la casa con tranquila sencillez, recorrió la planta baja sin encender una sola luz y se paró frente a la puerta cerrada del primer dormitorio. Entonces sacó del bolsillo uno de los objetos que llevaba. La puerta se abrió sin ruido. Había una cama, un bulto bajo las sábanas; se oía una respiración. El hombre entró como la niebla, más leve que una pesadilla, se acercó al lecho y vio la mano, la mejilla, los ojos cerrados de la muchacha dormida. Apartó con delicadeza la mano y, segundos antes de que despertara, levató su pequeó mentón descubriendo el cuello desnudo, un punteado de lunares, la vida latiendo bajo la piel; apoyó la punta del objeto cerca de la nuez y ejerció una ligera y exacta presión.

Título: La dama número trece
Autor: José Carlos Somoza
Editorial: Debolsillo