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Los girasoles ciegos

4 Jun

Los girasoles ciegosPrimera derrota: 1939
o
Si el corazón pensara dejaría de latir

Ahora sabemos que el capitán Alegría eligió su propia muerte a ciegas, sin mirar el rostro furibundo del futuro que aguarda a las vidas trazadas al contrario. Eligió entremorir sin pasiones ni aspavientos, sin levantar la voz más allá del momento en que cruzó el campo de batalla, con las manos levantadas lo necesario para no parecer implorante y, ante enemigo incrédulo, gritas una y otra vez «¡Soy un rendido!»

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