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El turista accidental

17 Feb

Habían pensado estar en la playa una semana, pero ninguno de los dos tuvo ánimos para ello y decidieron regresar antes. Macon conducía. Sarah iba sentada a su lado, con la cabeza apoyada en la ventanilla lateral. A través de sus enmarañados rizos castaños se veían pedacitos de cielo nuboso.

Macon llevaba puesto un traje deverano, su traje de viaje, mucho más práctico para viajar que los tejanos, decía él siempre. Los tejanos tenían esas costuras duras, acartonadas, y esos remaches. Sarah llevaba un playero de albornoz, sin tirantes. Hubieran podido estar regresando de dos viajes completamente distintos. Sarah estaba bronceada; Macon no. Era un hombre alto, pálido, de ojos grises, de pelo rubio y liso que llevaba muy corto, y tenía ese tipo de piel delicada que se quema con facilidad. Durante las horas del mediodía se había resguardado del sol.

Justo después de entrar en la autopista, el cielo se puso casi negro y varios goterones salpicaron el parabrisas. Sarah se irguió en su asiento.

—Esperemos que no llueva dijo.

—No me importa que llueva un poco dijo Macon.

Sarah volvió a apoyarse en el respaldo pero mantuvo los ojos fijos en la carretera.

Anne Tyler