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Génesis. Biblia Reina Valera

30 Nov

Biblia del Oso1:1 En el principio crió Dios los cielos y la tierra. 1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. 1:3 Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz. 1:4 Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas. 1:5 Y llamó Dios á la luz Día, y á las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día. 1:6 Y dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 1:7 E hizo Dios la expansión, y apartó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión: y fué así. 1:8 Y llamó Dios á la expansión Cielos: y fué la tarde y la mañana el día segundo. 1:9 Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase la seca: y fué así. 1:10 Y llamó Dios á la seca Tierra, y á la reunión de las aguas llamó Mares: y vió Dios que era bueno.

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Cuentos populares del valle del Nilo

13 Jul

Era el día de Chemme-el-Necime.

En medio de los paseantes de un jardín se distinguían tres mujeres que, a pesar de los velos que las cubrían, se adivinaba que eran jóvenes: muy provocativas, por lo demás, y vestidas espléndidamente.

Mientras se paseaban, una de las tres mujeres se paró, se agachó y recogió bajo los pies de su compañera una bella moneda de oro. La más joven la vio y la señaló a la mayor, que la recogió mientras la segunda la pisaba.

“Las tres mujeres y el cadí”, cuento inicial de Cuentos populares del valle del Nilo, ed. y trad. fr. de S. E. Yacoub Artin Pacha (1893), en versión de Esteve Serra (2005, José J. de Olañeta, Editor)

Libro de los Muertos

26 Feb

 

Libro de los Muertos

 

He aquí lo que debe ser recitado el día de la sepultura para entrar en el Más Allá después de abandonar la tierra.

(Traducción de Federico Lara Peinado, Tecnos, Madrid, 1989.)

Lazarillo de Tormes

24 Feb

PRÓLOGO

Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite. Y a ese propósito dice Plinio que “no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena”.

Anónimo
Ed. de Francisco Rico, Cátedra, 1988