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El arrecife del escorpión

15 Abr

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Tenía algo de fantasmal. El piloto y los dos marineros de primera que componían el destacamento de abordaje se miraron, incapaces de creer lo que veían.
No había señales de violencia ni de enfermedad a bordo y el Golfo había estado de un humor benigno durante las últimas semanas. Las velas estaban desplegadas y aspiraban suavemente la brisa de la puesta de sol; la caña del timón estaba amarrada y el barco se deslizaba con serena determinación rumbo al sudeste, hacia el estrecho de Yucatán. El chinchorro seguía en su sitio, encima de la cabina, y todo estaba en perfecto orden, salvo que no había ni un alma a bordo. El barco estaba tan misteriosamente desierto como la Mary Celeste.

Charles Williams, El arrecife del escorpión
Bruguera, 1977