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El jardín de las cenizas

22 Abr

el-jardin-de-las-cenizas.jpgUna mañana, hacia el final del verano en que me quemaron la cara, mi hermano pequeño y yo jugábamos a orillas del río que marcaba la frontera este de nuestro antiguo barrio, en el verde terreno aluvial que había sido el hogar y el suplico de mi pueblo durante siglos. Allí solía pintar con barro la espalda de Mitsuo, con una gruesa vara de cerezo que escondía en un bosquecillo de pacanas cercano cuando llegaba la hora de volver a casa. Me gustaba la forma de aquella rama, y la sensación de que tenía una pluma o un pincel en la mano. Tomaba barro de la orilla y lo transformaba en toda clase de figuras: árboles, peces, animales. El día que mataron a mis padres decidí dibujar la cara de mi abuelo. Yo había cumplido seis años pocas semanas antes. Mitsuo, mi hermano, tenía sólo cuatro años y tres meses.

Autor: Dennis Bock