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Ruido de fondo

11 Feb


“Los automóviles -todos de tipo ranchera- llegaron al mediodía a través de la zona oeste del campus. En fila india, rodearon la anaranjada escultura en forma de viga de sección rectangular y avanzaron en dirección a los dormitorios. Concienzudamente aseguradas sobre sus techos, transportaban numerosas maletas llenas de prendas ligeras y ropa de abrigo; junto a ellas podían verse cajas repletas de mantas, botas y zapatos, libros y papel de carta, sábanas, almohadas, edredones, alfombras enrolladas y sacos de dormir, así como bicicletas, esquíes, mochilas, sillas de montar inglesas y vaqueras y botes hinchables. A medida que los vehículos entraban y se detenían, numerosos estudiantes saltaban de sus asientos y se precipitaban hacia las puertas traseras para iniciar la descarga de los objetos apilados en su interior: equipos de música, radios y ordenadores personales; pequeños refigeradores y utensilios de cocina; cajas de discos y de casetes; secadores y rizadores de pelo; raquetas de tenis, balones de fútbol, palos de hockey y de lacrosse, arcos y flechas; sustancias controladas, píldoras y sistemas anticonceptivos; alimentos y chucherías aún no extraídos de sus bolsas: patatas fritas con sabor a ajo y cebolla, nachos, empanadas de crema de cacahuete, Waffelos y Kabooms, caramelos blandos de frutas variadas y palomitas al café, gaseosas Dum-Dum y pastillas de menta Mystic.
Durante los últimos veintiún años he sido testigo de este espectáculo todos los meses de septiembre e invariablemente se trata de un acontecimiento digno de verse. Los estudiantes se saludan unos a otros con cómicos gritos y ademanes que parecen sugerir un estado de intoxicación alcohólica.”

Don DeLillo

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