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Doménica

29 May

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Apareció una mañana de domingo en el jardín. Por cierto, una mañana bastante fría. Sería cerca del mediodía cuando oímos los chillidos y acudimos todos: total, una niña que se había hecho daño en la mano derecha con la espina de un rosal; por eso sangraba, y por eso chillaba. Le preguntamos de dónde venía y a dónde iba, pero no supo, o no pudo, o no quiso contestar. Se limitó a encogerse de hombros, luego dijo:

– Por ahí, por el aire.

 (Espasa Calpe, 1999)

La saga/fuga de J. B.

3 May

sagafugaIncipit

¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!

En la mañana de niebla, casi al alba, las voces estremecen el aire como trompetas. Toca todavía la campana, a la primera misa; pero su sonido es tenue, precavido, como para entrar de puntillas en las alcobas oscuras, un sonido al que se da la espalda, que se esquiva o acalla metiendo la cabeza bajo las sábanas. “Pepiño, levántate, que ya son las seis y media.” Un sonido que sería impertinente si no fuera habitual; que sería íntimamente detestado si no actuara de despertador, a esa hora en que los que trabajan tienen que despertarse.

¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!

Gonzalo Torrente Ballester. Destino, 1980