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Los Mutilados

25 Feb

Desde los veinte años, Franz Polzer era empleado de Banca. Todos los días, a las ocho menos cuarto de la mañana, salía hacia el despacho, nunca un minuto antes ni un minuto después. Cuando doblaba la esquina de su calle, el reloj de la torre daba tres campanadas.

En todo el tiempo que llevaba trabajando, Franz Polzer nunca cambió de empleo ni de domicilio. Se instaló en aquella casa cuando dejó los estudios y empezó a trabajar. La dueña era viuda y tenía aproximadamente su misma edad. Cuando el alquiló la habitación, ella llevaba luto por su marido, que había muerto menos de un año antes.