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El vizconde demediado – Italo Calvino

6 Feb

span style=verdana;span style=x-small;Había una guerra contra los turcos. El vizconde Medardo de Terralba, mi tío, cabalgaba por la llanura de Bohemia hacia el campamento de los cristianos. Le seguía un escudero de nombre Curcio. Las cigüeñas volavan bajas, en blancas bandadas, atravesando el aire opaco e inmóvil.
-¿Por qué tantas cigüeñas? – preguntó Medardo a Curcio-, ¿a donde vuelan?
Mi tío era un recién llegado, habiéndose enrolado hacía muy poco, para complacer a ciertos duques vecinos nuestros comprotidos en aquella guerra. Se había provisto de un caballo y de un escudero en el último castillo en poder de los cristianos, e iba a presentarse al cuartel imperial.
– Vuelan a los campos de batalla -dijo el escudero, lúgubre-. Nos acompañarán durante todo el camino.
El vizconde Medardo había aprendido que en aquel país el vuelo de las cigüeñas es señal de buena suerte; y quería mostrarse contento de verlas. Pero se sentía, a pesar suyo, inquieto.
– ¿Qué es lo que puede llamar a las zancudas a los campos de batalla, Curcio? -preguntó.
– Ahora también ellas comen carne humana -contestó el escudero-, desde que la carestía ha marchitado los campos y la sequía ha resecado los ríos. Donde hay cadáveres, las cigüeñas y los flamencos y las grullas han sustituido a los cuervos y los buitres.
Mi tío estaba entonces en su primera juventud: la edad en que los sentimientos se abalanzan todos confusamente, no separados todavía en mal y en bien; la edad en que cada nueva experiencia, aun macabra e inhumana, siempre es temerosa y ardiente de amor por la vida./span/span
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Barcelona: Bruguera, 1979
Il Visconte dimezzatospan style=verdana;span style=x-small;
/spanTraducció: Francesc Miravitlles
Col.lecció: Libro amigo 1502/644/span

Bajo el sol jaguar

27 Feb

bajoelsoljaguar.jpg EL NOMBRE, LA NARIZ

Como epígrafes de un alfabeto indescifrable, la mitad de cuyas letras han sido borradas por el esmeril del viento cargado de arena, así quedaréis, perfumerías, para el hombre sin nariz del futuro.

Si una noche de invierno un viajero

2 Mar

calvino.jpgEstás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás:”¡No, no quiero ver la televisión!”.

Italo Calvino
Traducción de Esther Benítez. Siruela, 1993 (2ª ed)

El barón rampante

7 Feb
Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cosimo Piovasco di Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. Lo recuerdo como si fuera hoy. Estábamos en el comedor de nuestra villa de Ombrosa, las ventanas enmarcaban las tupidas ramas del gran acebo del parque. Era mediodía, y nuestra familia, siguiendo una antigua tradición, se sentaba a la mesa a esa hora, pese a que ya cundía entre los nobles la moda, llegada de la poco madrugadora Corte de Francia, de almorzar a media tarde. Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas. Cosimo dijo:
– ¡He dicho que no quiero y no quiero! – y rechazó el plato de caracoles. Jamás se había visto desobediencia más grave.

Italo Calvino