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Levantad, carpinteros, la viga del tejado

20 Feb

salinger.jpg Hace unos veinte años, una noche en que nuestra enorme familia estaba sitiada por las paperas, mi hermana menor, Franny, fue trasladada con cuna y todo a la habitación evidentemente libre de microbios que yo compartía con mi hermano mayor, Seymour. Yo tenía quince años, Seymour diecisiete. A eso de las dos de la mañana, la nueva compañera de cuarto me despertó con su llanto. Me quedé quieto, en posición neutral durante unos minutos, escuchando el berrinche hasta que oí o sentí que Seymour se movía en la cama próxima a la mía. En aquellos tiempos teníamos una linterna sobre la mesita de noche entre los dos, para casos imprevistos que, por lo que recuerdo, nunca se presentaban. Seymour la encendió y salió de la cama.

– Mamá dijo que el biberón está sobre el hornillo – le expliqué –

– Ya se lo di hace un rato – dijo Seymour – . No tiene hambre.

Avanzó en la oscuridad hacia los anaqueles y proyectó la luz balanceándola hacia atrás y hacia delante de los estantes. Me senté en la cama.

– ¿ Qué vas a hacer ? – pregunté.

– Creo que voy a leerle algo – contestó Seymour y tomó un libro.

– Pero, por favor, si tiene diez meses – dije.-

– Ya lo sé – respondió Seymour -. Tienen orejas. Oyen.

La historia que Seymour le leyó a Franny aquella noche, a la luz de la linterna, era una de sus favoritas, un cuento taoísta. Franny jura hasta hoy que se acuerda de Seymour leyéndoselo.

J. D. Salinger, Raise High the Roof Beam, Carpenters

Traducción del inglés de Aurora Bernárdez. Edhasa. Barcelona 1986

El guardián entre el centeno

4 Feb


“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.”

J.D. Salinger