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La pensión Grillparzer

29 Sep

Mi padre trabajaba para el Departamento Austríaco de Turismo. Fue idea de mi madre el que toda la familia lo acompañara cuando viajaba como espía del Departamento de turismo.

El Hotel New Hampshire

1 Sep

El verano que mi padre compró el oso, ninguno de nosotros habíamos nacido …

El Hotel New Hampshire, por John Irving. Primera edición 1982, editorial Argos Vergara

Hotel New Hampshire

Oración por Owen

25 Mar

Estoy destinado a recordar a un chico de voz estridente … no a causa de su voz, no porque fuera la persona más pequeña que he conocido, ni siquiera por haber sido el instrumento de la muerte de mi madre, sino porque a él le debo creer en Dios; soy cristiano gracias a Owen Meany.

Tusquets Editores. Traducción de Iris Menéndez

Una mujer difícil

26 Feb

door10.jpg  Una noche, cuando Ruth Cole tenía cuatro años y dormía en la litera inferior, le despertaron los sonidos que produce la actividad amorosa, procedentes del dormitorio de sus padres. Era un sonido del todo nuevo para ella. Ruth había estado recientemente enferma, con una gripe intestinal, y cuando oyó por primera vez a su madre haciendo el amor pensó que estaba vomitando.

John Irving, A widow for one year

Traducción del inglés de Jordi Fibla.  Tusquets.  Barcelona, 1999 

Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra.

16 Feb

En el hospital del orfanato-la sección niños de St.Cloud’s, en Maine- dos enfermeras eran las encargadas de dar nombre a los nuevos bebés y de verificar que sus pequeños penes cicatrizaran después de la obligada circuncisión. En aquellos tiempos (192-), se circuncidaba a todos los niños nacidos en St. Cloud’s porque durante la primera guerra mundial el médico del orfanato había tenido dificultades, por un motivo u otro, en el tratamiento de soldados no circuncisos. El médico, que también ocupaba el cargo de director de la sección de niños, no era un hombe religioso; para él la circuncisión no era tanto un rito como un acto estrictamente clínico que se ejecutaba por razones higiénicas. Se llamaba Wilbur Larch y siempre evocaba en una de las enfermeras- si exceptuamos el aroma a éter que siempre lo acompañaba- la madera resistente y perdurable de la conífera del mismo nombre. Sin embargo la enfermera detestaba el ridículo nombre de Wilbur y se horrorizaba ante la estupidez de haber combinado semejante nombre con algo tan sólido como un alerce.

John Irving