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Historias secretas de balnearios

19 Abr

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Los balnearios son sitios donde acudían, y siguen acudiendo, gentes provistas de una enorme capacidad de esperanza.  Puede ser que les acose el recuerdo de una tarde de primavera tanto como la sospecha de padecer una hepatitis crónica. En el primer caso, pasearán por las avenidas del balneario, jugarán al tute en severos saloncitos o contribuirán a organizar tómbolas en beneficio de los niños pobres que la Dirección materializa amablemente para los bañistas. Al fin, les estallará, por encima de sus ilusionadas cabezas, la evidencia de todo lo que es misterioso en el mundo: la risa, los latidos del corazón, la simple forma de las cosas. Quizá también un cometa en el cielo o el rebuzno, desesperado y triste, de los burros. Puede ser.

Si quien acude a los balnearios lo hace aquejado por una dolencia física, la fe le salvará. A no ser que desobedezca las contraindicaciones, las enfermedades se esfuman siempre enigmáticamente en el aire. Las aguas – tanto como las plantas y las piedras – tienen propiedades mágicas que no se entregan sino a los puros de corazón.

Juan Perucho, Historias secretas de balnearios

Planeta. Barcelona, 1972