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Lo importante es perder

12 Mar

No es agradable que a uno le dejen, que le abandone a uno la mujer con la que ha covivido durante más de tres años, que esa mujer telefonee una tarde al despacho y diga con voz algo más temblorosa de lo habitual que tienen que hablar urgentemente, y que uno, entonces, solícito y lleno de buena voluntad, cancele todas las visitas concertadas y cite a la mujer media hora más tarde en la terraza de algún bar, intrigado e ingenuo, sin sospechar nada de lo que va a ocurrir, sin saber aún si lo que han de comunicarle es una buena o una mala noticia, o buena y mala a un mismo tiempo, y que uno llegue al bar y tome asiento frente a un gin tonic bien cargado por si acaso, y vea aparecer a la mujer citada, y observe su rostro, y sepa entonces que lo de la buena noticia queda descartado, y que la mujer con la que lleva viviendo más de tres años, tras saludar austeramente, sin el beso de costumbre, se siente cruzando las piernas y empiece a hablar y de su boca salgan frases que uno ha oído demasiadas veces en la televisión, en el teatro, en el cine, frases leídas en novelas, pronunciadas en sueños de serie B, cantadas en músicas de éxito, frases demasiado familiares y manidas que uno escucha como un canturreo aburrido y molesto, frases como «no nos iría mal un periodo de descanso», o «las cosas han cambiado entre nosotros», o «podemos seguir siendo buenos amigos», o «esto se tenía que terminar tarde o temprano»… No es agradable.

Manuel Pérez Subirana

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