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El diablo en el cuerpo

19 Mar

Voy a exponerme a grandes reproches. Pero, ¿qué puedo hacer yo? ¿Acaso fue culpa mía tener doce años algunos meses antes a la declaración de la guerra? Sin duda, los trastornos de los que fui presa en aquel período extraordinario eran de una índole que jamás se experimenta a esa edad; pero como nada hay tan fuerte que pueda envejecernos a pesar de las apariencias, como un niño iba a conducirme en una aventura en la que hasta un hombre se hubiera visto apurado. No soy el único. También mis compañeros conservarán de aquella época un recuerdo que no es el mismo de sus mayores. Que aquellos que están ya en contra mía traten de representarse lo que la guerra fue para muchos chicos: cuatro años de grandes vacaciones.