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El libro de la selva

19 Feb

Eran las siete de una noche muy cálida en las colinas Seeonee cuando el padre Lobo se despertó de su descanso diario, se rascó, bostezó y se desperezó estirando sus patas una tras otra. La madre Loba permanecía echada con su gran morro gris apoyado encima de sus cuatro crías tumbadas que no paraban de chillar, mientras la luna brillaba en la entrada de la cueva en que que vivían.

-¡Grrr! -dijoel padre Lobo- Es hora de salir a cazar.
Iba a descender por la colina corriendo cuando una pequeña sombra de espesa cola cruzó la entrada y aulló:
-Te deseo suerte, jefe de los lobos. Y que los nobles pequeños sean afortunados y sus colmillos fuertes y blancos, y que nunca se olviden de los hambrientos de este mundo.
Era el chacal Tabaqui, el lameplatos. Los lobos de la India menosprecian a Tabaqui porque es chismoso, cuenta mentiras y come trapos y pedazos de piel de los montones de basura de la aldea. Pero también lo temen porque Tabaqui, más que cualquier otro en la jungla, puede volverse loco y entonces se olvida de sus temores y corre por la jungla mordiendo todo lo que encuentra a su paso, incluso el Tigre corre a esconderse cuando el pequeño Tabaqui enloquece, porque la locura es lo peor que puede ocurrirle a una criatura salvaje. Lo llamamos hidrofobia, pero ellos lo denominan dewanee (la locura) y corren.

Título: El libro de la selva
Autor: Rudyard Kipling
Editorial: Piruleta
Traducción: Anna Gasol Trullols

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