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Las puertas de Anubis

23 Abr

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PRÓLOGO – Dos de febrero de 1802

Aunque muchas cosas son arrebatadas por el tiempo, otras muchas permanecen; y aunque no tengamos ahora la fuerza que en los viejos días fue capaz de conmover la tierra y el cielo, seguimos siendo quienes somos…

ALFRED, LORD TENNYSON

Entre dos árboles, en lo alto de la colina, un hombre muy anciano observaba, con un anhelo nostálgico del que no se habría creído capaz, al grupo de veraneantes que recogía sus cestas y montaba luego en sus caballos para alejarse hacia el sur. Iban con cierta prisa, pues había casi diez kilómetros hasta Londres, y la roja esfera del sol silueteaba ya las ramas de los árboles a lo largo del río Brent, unos cuatro kilómetros hacia el oeste.

Una vez que hubieron desaparecido, el anciano se volvió hacia el sol para contemplar su lento descenso. La Barca de los Millones de Años, pensó. La barca del dios solar que agoniza, Ra, recorriendo el cielo por el occidente hacia la fuente de ese oscuro río, que corre bajo el mundo subterráneo del oeste al este, a través de las doce horas de la noche, por cuyo extremo más oriental acabar reapareciendo mañana, llevando en su interior una vez más a un sol joven y nuevamente inflamado.

– O bien – pensó amargamente – separado de nosotros por una distancia tal que ni siquiera el universo sería capaz de comprenderla; tan sólo un enorme globo de gas ardiente inmóvil alrededor del cual rueda este diminuto planeta esférico como la pelota de excremento y polvo que va empujando ante sí el escarabajo kefera. Escoge lo que más desees – se dijo, mientras empezaba a bajar por la colina -, pero debes estar preparado a morir por tu elección.

Tim Powers, Las puertas de Anubis
Gigamesh,1984

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